Agroquímicos: las falacias domiciliarias
«Los defensores del uso de los pesticidas, utilizan con frecuencia comparaciones falaces con el uso de productos riesgosos en las viviendas. Realizan estas comparaciones buscando presionar a legisladores para conseguir la aprobación de normativas más permisivas con el uso de pesticidas, o para evitar la aprobación de normas más restrictivas.»
Argentina: El discurso sojero transgénico parte 3
Los defensores del uso de los pesticidas en general, y del glifosato en particular, utilizan con frecuencia comparaciones falaces con el uso de productos riesgosos en las viviendas. Realizan estas comparaciones buscando también presionar a legisladores para conseguir la aprobación de normativas más permisivas con el uso de pesticidas, o para evitar la aprobación de normas más restrictivas, sobre todo en ámbitos legislativos locales.
El discurso sojero transgénico
Como expreso en los escritos anteriores, hoy hay dos sistemas agroalimentarios en pugna:
- Por un lado, el sistema de monocultivo extensivo con agroquímicos, del cual el sistema transgénico es sólo el último eslabón.
- Por el otro, el sistema que integra la agricultura familiar, la vía campesina y los diferentes sistemas agroecológicos, que tiene emprendimientos que se sostienen a pesar de los ataques sistemáticos que padecen, y está en permanente conformación, articulación y crecimiento.
El objetivo de estos escritos es mostrar las mentiras, los engaños, los ocultamientos y/o las tergiversaciones del discurso de los que promueven y/o se benefician con el sistema de monocultivo extensivo con agroquímicos, incluido el transgénico, que sólo para abreviar es denominado aquí “discurso sojero transgénico”. En este tercer texto desarrollo las comparaciones falaces que realizan los defensores de los agroquímicos con los productos riesgosos utilizados en los domicilios familiares. Sólo comentaré dos notas, una escrita por Daniel Iribarne, y otra correspondiente a una presentación realizada por Silvia Martínez en el Concejo Deliberante de Luján. Pero las mismas consideraciones pueden hacerse en relación con todas las expresiones que comparan falazmente los pesticidas utilizados masivamente en los monocultivos extensivos con los productos usados por las familias en sus domicilios.
Las comparaciones con los usos en las viviendas familiares
a) “Glifosato, polémica inventada” (1). Con este título el boletín Pregón Agropecuario, que se autocalifica como “Una voz independiente y sin compromiso” publicó en junio de 2009 una nota del Ing. en Producción Agropecuaria y Lic. en Zootecnia Daniel Iribarne; la nota se publicó en el marco de la disputa entre el Gobierno Nacional y los sectores rurales representados en la denominada Mesa de Enlace, por la distribución de la renta de la exportación de los productos obtenidos de los monocultivos extensivos con el uso de agroquímicos. Entre otras, la nota decía cosas tales como:
El Ministro de Ciencia y Técnica, Lino Barañao afirmó por radio Continental el día 12 de mayo, que había habido un error en la difusión del trabajo del investigador Carrasco, que no sabía por que se había publicado en Página 12 antes de hacerlo en las revistas científicas.
Numerosas entidades internacionales, entre las que se pueden mencionar la Organización Mundial de la Salud (OMS o WHO) y la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ambos dependientes de las Naciones Unidas, califican al Glifosato como uno de los agroquímicos de menor toxicidad, muy bajo índice de evaporación y de fácil y rápida degradación en el agua y en el suelo. Comparada con otras sustancias tiene menor peligrosidad para los seres humanos que la aspirina, para dar un ejemplo.
En una clara actitud tendenciosa y desinformante, el ingeniero Iribarne no menciona, como tampoco lo hace el Ministro Barañao, que la OMS y la FAO también referencian sus informes sobre el glifosato en investigaciones que no fueron publicadas, por lo que no fueron sometidas a críticas de pares, y que además fueron provistas por Monsanto y otras empresas que producen, patentan y/o comercializan el pesticida.
En lo que hace al objeto de esta nota, el ingeniero Iribarne dice:
Hay una tendencia generalizada a demonizar a los agroquímicos, culpándolos sin sustento científico de toda clase de enfermedades en las poblaciones rurales. Las personas que se aterrorizan al paso de una fumigadora, tal vez en sus casas esparcirán generosamente el insecticida Raid para combatir, moscas, mosquitos, polillas, hormigas, pulgones y toda clase de insecto que moleste. Si leyeran la etiqueta verían que es un piretroide (derivado de las piretrinas) exactamente la misma sustancia que se usa para combatir a las plagas en el campo.
Clarificando aún más su posición, el ingeniero Iribarne continúa:
Más tóxicos y de mayor peligrosidad en el hogar son la nafta, el querosén, el gas, la electricidad y los medicamentos, si no se usan adecuadamente y alejado de los niños, sin embargo a nadie se le ocurre prohibir o prescindir del uso de estos elementos.
b) La Comisión de Salud del Concejo escuchó la postura de ARPAE sobre el uso del glifosato (2) – Con este título el periódico digital Luján Hoy publicó el 3 de julio del 2010 una nota que decía:
La Comisión de Salud del Concejo Deliberante culminó con las tres reuniones pactadas con diferentes sectores para discutir el uso del glifosato. Ayer fue el turno de la Asociación Regional de Productores Agropecuarios del Este (ARPAE), quien defendió el uso del agroquímico con la disertación de una médica toxicóloga y dos ingenieros agrónomos.
La reunión, que se llevó a cabo en la sala de sesiones del Concejo Deliberante, duró 3 horas y media. Allí, apenas nueve ediles escucharon la presentación realizada por ARPAE a través de Silvia Martínez, médica toxicóloga, docente de la Universidad de Rosario y Directora de Medios del Centro de Toxicología, Asesoramiento y Servicios de Rosario (TAS); Alberto Etiennot, Ingeniero Agrónomo, ex docente universitario y en la actualidad asesor privado, y Pablo Grosso, Ingeniero Agrónomo y Director de Gestión Tecnológica de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE).
En su disertación, Martínez explicó a través de gráficos e investigaciones la otra cara del uso del glifosato, en la que en contraposición a lo presentado anteriormente por el Partido Socialista y los técnicos y químicos que dialogaron con los concejales, intentó desmistificar «la alta toxicidad que nos quieren hacer creer que tiene este agroquímico. No es inocuo, claro que no, pero es menos contaminante que otros productos que inclusive uno compra en los supermercados como los insecticidas y los hormiguicidas como el hortal».
El discurso de Etiennot y de CASAFE ya fueron ampliamente cuestionados (3), y no corresponde aquí volver a hacerlo.
La falacia de la comparación domiciliaria.
La comparación entre los pesticidas pulverizados por un productor y los utilizados por el miembro de una familia en su vivienda es tendenciosa y falaz porque ignora las diferencias del contexto y la intencionalidad de quien aplica el producto.
Respecto al contexto, a nadie se le ocurriría decir que no hay que prohibir llevar sevillanas a los locales bailables o a las canchas de fútbol, porque en las viviendas de las familias la mayoría de los cuchillos tienen hojas más largas que las de una sevillana, además de no tener el filo ni la punta resguardada. ¿Por qué no se le ocurriría a nadie? Porque el contexto es diferente.
Por otro lado, es claro que la intención principal del responsable de la aplicación del pesticida en el cultivo es ganar dinero, y de quien aplica el producto en el ámbito familiar es proteger a los integrantes de la familia.
Obtener dinero es uno de los principales motivos por los cuales se comete una variada gama de delitos. En el caso de los pesticidas, esto es favorecido por la falta de controles y por el ámbito de impunidad en que estos productos son aplicados trasgrediendo la normativa vigente.
Con respecto al control, no conozco ningún caso de inspectores que tomen muestras aleatorias a aviones fumigadores cuando aterrizan o están por despegar; o a una máquina aplicadora terrestre en el momento en que está pulverizando. Esto significa que no se conocen cuáles son los productos y mezclas de productos que realmente se están esparciendo.
Los diferentes casos llevados a juicio mostraron que es muy difícil y muy costoso demostrar que un pesticida aplicado en un cultivo en una oportunidad determinada ha sido la causa de daños padecidos por personas, animales y plantas que vivan en el ámbito de dispersión y deriva del producto. Un pesticida puede provocar cáncer, abortos espontáneos, malformaciones congénitas y otros muchos daños a muchos kilómetros de distancia de donde fue aplicado, desplazándose a través del aire, del agua o siendo ingerido con los alimentos. Ese es el motivo por el cual los que aplican los pesticidas con irresponsabilidad tienen tan poco cuidado: porque están cometiendo un delito en un ámbito de impunidad. Y eso no tiene nada que ver con la aplicación de un pesticida para controlar una plaga en una vivienda familiar.
Referencias:
(1)- Iribarne, D (2009) – Glifosato, polémica inventada – Boletín Pregón Agropecuario. Consultado el 08/04/2011, ver aquí.
(2)- Luján Hoy (2010) – La Comisión de Salud del Concejo escuchó la postura de ARPAE sobre el uso del glifosato. Consultada el 3 de julio de 2010 ver aquí.
(3) Ver, por ejemplo, “Agroquímicos: El ataque al glifosato no es una caza de brujas. Es la caza del discurso mentiroso”, y “Argentina: El discurso sojero transgénico. Parte 2 – Agroquímicos: La cadena de ocultamientos, falacias y deformaciones referidas al Informe FAO/OMS-2004”, ambos disponibles en Internet.
Claudio Lowy – Ingeniero Forestal – Master en Desarrollo Humano Sostenible [email protected] – 0054-11-15-6467-5187
Como he sido citado en el artículo quiero ratificar lo que he publicado en Pregón Agropecuario.
El articulista de vuestra publicación parte de la base de que los agroquímicos producen cáncer, deformaciones fetales y toda clase de males a la población. Es una posición dogmática que no solo no tiene fundamentación científica sino que contradice a toda la bibliografía respetada y reconocida en el mundo entero.
Lo que no ha sido publicada ni controlada en publicaciones científicas es la experiencia realizada por el Dr. Carrasco sobre embriones de anfibios. Mucho menos su transpolación a embriones de mamíferos que es ya una aventura. De ahí a creer que se pone en riesgo a la población urbana es un delirio disfrazado de trabajo científico.
Paracelso, uno de los padres de la medicina decía «no hay venenos sino dosis». Alguien puede afirmar con seriedad cual es la cantidad de tóxicos que eventualmente pueden llegar a un ciudadano?. Y ¿cual es la dosis en relación al umbral de riesgo razonable?. Las personas que durante décadas están trabajando con productos concentrados en los laboratorios o en aplicaciones rurales gozan de tan buena salud como el resto de los habitantes. Si fueran tan peligrosos estos químicos los primeros en enfermarse serían los que están todo el año en contacto con ellos.
La respuesta del Ing. Iribarne tiene dos partes:
1) Por un lado, la referida al contenido específico de la nota: ratifica lo que publicó en el Pregón Agropecuario, pero no argumenta los motivos; por lo que es una ratificación sin sustento.
2) Por otro lado, las bases que supone el Ig. Iribarne de las que parto; suposiciones a las que no me voy a referir, ya que corren por su cuenta. En general considero que la realidad es compleja, que para su comprensión necesitamos conocer la trama de causalidades de lo que nos pasa, y de lo que queremos cambiar. Entre esas múltiples causas están las siguientes, refiriéndome sólo a los daños a la salud y al ambiente de los agroquímicos:
• Las clasificaciones toxicológicas de los organismos internacionales (OMS, FAO/OMS) en las que se basan las clasificaciones que se utilizan en nuestro país, están realizadas por grupos que se constituyen de una manera no conocida y de cuyos integrantes tampoco se conoce intereses, representaciones e ideologías; los informes no están basados en bilbiografía respetada, como señala el Ing. Iribarne, sino en estudios realizados o/o financiados por las empresas que patentan, producen y comercializan esos mismos pesticidas, que además no fueron publicados, por lo que no fueron sometidos a críticas de pares, por lo que no son estudios científicos. Estos hechos, como digo en la nota, son ocultados por el Ing. Iribarne y el Ministro Barañao en sus comentarios en general, y en sus críticas a Carrasco y su equipo en particular.
• La falta de estudios epidemiológicos en el país, lo que muestra una clara intencionalidad de no producirlos; intencionalidad en la que están involucrados ingenieros agrónomos que no informan los pesticidas que realmente se pulverizan, médicos que se niegan a hacer los registros toxicológicos correspondientes, Instituciones agrarias y de la salud, empresas productoras de pesticidas y productores agrícolas, gobiernos nacional, provinciales y locales.
• El incremento de las enfermedades asociadas a los pesticidas informadas por los médicos de los pueblos que padecen las pulverizaciones.
• Los únicos informes toxicológicos de los pesticidas con los que cuenta el Ministerio de Salud de la Nación, por ejemplo, son los que les proveen las empresas que los producen y comercializan.
• Finalmente, el comentario sobre los trabajadores de laboratorio, haciendo una analogía con los trabajadores rurales y la población afectada por las pulverizaciones no tiene sustento y es poco serio: de donde saca Iribarne la información que detalla, y porque considera válida la comparación entre personas de laboratorio especializados y con todas las prevenciones y protecciones, con personas que carecen de todo ello. Sólo se trata de otra construcción falaz del discurso sojero transgénico.
Vale recordar aquí que no somos los habitantes de la nación los que debemos demostrar que los agroquímicos y los procesos productivos nos causan daño. Son las empresas que los producen, comercializan, utilizan o inducen su utilización las que deben demostrar que no nos causan daño, y el Estado debe asegurarnos que esas demostraciones son válidas. Como lo dice claramente el principio de precaución de la Ley General del Ambiente, sustentado en normas internacionales:
“Cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científicas no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente”.
Acabo de descubrir, (septiembre de 2011) , por error, esta publicación adonde se me menciona. No conozco esta página: 123 People; nunca la había visto antes, mucho menos conozco al autor/a de esta dura y descalificante crítica a un comentario mío sobre la supuesta peligrosidad de los agroquimicos. No me voy a extender porque no sólo es anónima la publicación sino que está llena de vaguedades y falacias. No confía en las fuentes que menciono como FAO, OMS, CONICET y numerosas Universidades, pero el o la autora ni siquiera dice de donde fundamenta sus afirmaciones.
No veo qué diferencia puede haber en la «intencionalidad» sic. del uso de un producto. Un raticida se puede usar para matar ratas y también para asesinar una persona, pero si la toma accidentalmente un niño da igual una intención que otra. Un camión se usa para transportar cargas, pero si se le cruza un peatón funciona como un arma letal.
Un insecticida se usa para matar insectos, está diseñado para ello y tiene indicadas las dosis necesarias para liquidar a las plagas. No está pensado para tomarlo con hielo como aperitivo. Si el autor/a quiere vivir con mayor seguridad debe preocuparse antes de no usar gas, ni electricidad en su domicilio, mucho menos motocicletas ni automóviles. Mucho mucho antes de pensar en los agroquímicos.