5 de junio: Día Mundial del Medio Ambiente. Pensar, alimentarse y ahorrar

7 junio 2013 0 Por renace

images (8)«El lema propuesto para conmemorar este Día Mundial del Medio Ambiente es “PIENSA. ALIMENTATE. AHORRA”. En un planeta donde supuestamente todos sus habitantes humanos deberían estar bien alimentados por el exceso de producción de alimentos, 1 de cada 7 personas se acuesta con hambre y más de 20.000 niños menores de 5 años mueren diariamente por la misma causa.»

Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, “…derrochar un litro de leche supone gastar 1000 litros de agua; tirar una hamburguesa a la basura significa gastar 16.000 litros de agua”. Estas cifras tan contundentes reflejan la complejidad de los procesos de producción de alimentos en la sociedad actual y el despilfarro de los mismos, que obligan a focalizar nuestras decisiones cotidianas para pensar cómo alimentarnos y ahorrar o minimizar su desperdicio a la hora de proteger al ambiente.

El lema propuesto para conmemorar este Día Mundial del Medio Ambiente es “PIENSA. ALIMENTATE. AHORRA”. En un planeta donde supuestamente todos sus habitantes humanos deberían estar bien alimentados por el exceso de producción de alimentos, 1 de cada 7 personas se acuesta con hambre y más de 20.000 niños menores de 5 años mueren diariamente por la misma causa. El origen de este genocidio silencioso se encuentra en los modos de producción de alimentos, en una actividad agrícola pensada con otros criterios para otros fines y en el estilo de vida adoptado por una gran parte de la humanidad. Debemos comprender como sociedad que la pérdida y desperdicio de alimentos suponen, además de los costos financieros, un importante gasto de agua, tierra, trabajo y capital que inevitablemente favorece el efecto invernadero y por tanto, el calentamiento global y el cambio climático.

Los alimentos básicos que llegan a nuestra mesa tienen su origen en los vegetales (cereales y oleaginosas) o en la energía transformada de los mismos y convertidos en carne (vacuna, porcina, aviar, principalmente) y huevos. La agricultura ocupa un 25% de toda la tierra habitable y es responsable del 70% del consumo de agua dulce, el 80% de la deforestación y el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero. El modelo de producción industrial adoptado por los agricultores, estimulado por las compañías, gobiernos y agencias internacionales, y socialmente aceptado por la ciudadanía, genera impactos ambientales fácilmente medibles como la fertilización excesiva, cambios del uso de la tierra, aplicación de agrotóxicos y utilización de agua en demasía, aunque evidentemente soslayados  en los informes oficiales.

Los alimentos ingresan en el mercado financiero mundial cotizando en Bolsa y constituyen un elemento más de inversión o de canje para generar más dinero para sus inversores. De allí que su producción se oriente a otorgarle un mayor valor agregado para aquellos consumidores de los que se espera obtener una mayor rentabilidad. De los 25 millones de hectáreas cultivadas sólo en nuestro país, la mayoría de los productos son granos forrajeros de soja y maíz destinados a alimentar animales en Argentina y otros países, o para la producción de agrocombustibles destinados al mercado europeo principalmente.

Según datos de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), alimentar animales insume más de la mitad de toda la producción agrícola mundial que son consumidos por aquellos que pueden pagar por esas proteínas. La expansión global de la industria de los agrocombustibles en base a maíz, soja, aceite de palma y caña de azúcar ha contribuido a elevar los precios de los alimentos y a generar escasez de tierra para la agricultura de producción de alimentos en zonas de Asia, África y América Latina, dado que la materia prima se cultiva donde más barato resulte hacerlo. Y resulta necesario aclarar que una parte de la producción primaria, especialmente en los países periféricos, se pierde por almacenamiento inadecuado o por no resultar rentable.

Elegir qué vamos a comer, la forma en que se produjo, en qué condiciones laborales, cuáles fueron sus impactos en el ambiente, desde qué distancia hubo que trasladarlo, por cuántas manos pasó hasta llegar a nuestra mesa debería resultar un ejercicio cotidiano. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advertía ya en 2010 que debíamos cambiar radicalmente nuestra forma de alimentarnos para colaborar con el Planeta y con nosotros mismos como especie. El estilo de vida adoptado por los países centrales y los sectores altos y medios de los países periféricos poco aporta en ese sentido. A una demanda regulada por lo que ofrecen las compañías alimenticias -cada vez más enlatado, cada vez más procesado, cada vez más lejos de lo fresco y natural-, debemos sumar la cultura del desperdicio visible en el producto y en los sucesivos envoltorios que lo acompañan. Desperdiciar significa perder recursos naturales y colaborar en los impactos ambientales negativos.

ACCIONES PARA UN CAMBIO DE CONCIENCIA

Si bien resulta importante a nivel individual tomar conciencia del impacto social y ambiental de las decisiones que tomamos,  resulta conveniente informarse, compartir y organizarse con otros individuos para poder presionar sobre la forma en cómo se produce, qué se consume y cuánto se desecha. Tomar medidas en nuestra casa, nuestro ámbito más cercano, ayuda pero NO es suficiente. Elegir consumir comida orgánica, por ejemplo, significa que debemos participar activamente en todas las instancias del proceso y esto no siempre resulta viable. La elección de nuestros alimentos requiere de la organización comunitaria para reducir el costo ambiental y el desperdicio, ahorrar dinero e incidir colectivamente en políticas de producción de alimentos sanos de una forma socialmente aceptable.

El Centro de Protección a la Naturaleza, a lo largo de sus 36 años de vida, ha promovido y difundido las bases para una alimentación saludable con alto valor nutritivo y calórico, respetuosa del ambiente y socialmente justa. A través de nuestra prédica, se ha tratado de instalar una cultura de consumo basada en los alimentos locales, escasamente procesados y en relación casi directa con los productores. También ha favorecido y apoyado las experiencias educativas y formativas de autoproducción de alimentos tanto en los sectores vulnerables como en los pueblos originarios. El uso excesivo de envoltorios en los alimentos debido al circuito de producción industrial ha sido observado permanentemente por nuestra institución, promoviendo la reducción y reutilización de envases y el reciclado de determinados residuos alimenticios.

PENSANDO QUÉ COMEMOS, GANAMOS EN SALUD, GENERAMOS MENOS DESPERDICIOS Y AYUDAMOS AL AMBIENTE.

Para esta fecha, proponemos la difusión permanente y constante de esta consigna a través de las redes sociales y de los medios de prensa oral y escrita. En el campo de lo educativo formal, se debe fomentar el debate sobre los alimentos, cómo accedemos a ellos y cuánto desperdiciamos. En cuanto a las políticas públicas, nuestros representantes deberían proceder a establecer las bases para un control de qué se produce, en qué condiciones y para quién, fomentando, entre otras cosas, la provisión o redistribución de productos básicos de los actuales excedentes del mercado y establecer prácticas compensatorias para la nutrición adecuada de los sectores más vulnerables de la sociedad. Sin embargo, estos no son los únicos grupos sociales afectados o que pueden intervenir en la solución del problema; por ello, la propuesta es amplia y abarcativa considerando a la sociedad en su conjunto y con la necesidad de acciones concretas en cada nivel de actuación. Una acción enérgica y consciente resulta, por lo tanto,  ineludible a la hora de garantizar un medio ambiente sano y apto para las generaciones humanas futuras.

Arq. Ezio Mazzarantani

Presidente.

CENTRO DE PROTECCIÓN A LA NATURALEZA – SANTA FE

Fuente: Ipodagua